Por lo general, cuando hablamos del Estadio Olímpico Universitario se nos vienen a la cabeza incontables recuerdos de acontecimientos deportivos históricos para nuestro país. Pero su relevancia no se queda solo en el ámbito deportivo, sino que trasciende también al ámbito cultural. Con motivo del 73 aniversario de su construcción, en esta edición de Con-Ciencia te contamos un poco de la historia del Estadio Olímpico Universitario, un espacio en el que el deporte, la innovación y el diseño se encuentran.
Incrustado en el terreno del pedregal de San Ángel al sur de la Ciudad de México, se erige el Olímpico Universitario, cuya construcción comenzó el 7 de agosto de 1950, como parte del proyecto de Ciudad Universitaria. El proyecto contempló no solo hacer un estadio cualquiera, sino un recinto en el cual se pudieran practicar varios deportes, por lo que, para su concepción, participaron los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas Moro y Jorge Bravo Jiménez, así como Roberto Tapatío Méndez, entrenador del equipo de fútbol americano de la universidad entre 1946 y 1964.
El entonces presidente Miguel Alemán Valdéz y Luis Garrido Díaz, rector de la universidad, fueron los encargados de inaugurar, el día 20 de noviembre de 1952, el que, hasta ese momento, era el estadio más grande del país, en el marco del comienzo de los segundos juegos juveniles nacionales. Con una capacidad para 72,000 espectadores, el Estadio Olímpico Universitario ha sido sede de eventos deportivos que han marcado la historia de México, tales como los Juegos Centroamericanos y del Caribe, los Juegos Panamericanos y el Campeonato Panamericano de Fútbol durante los años 50. Además de dichos eventos, en el recinto jugaban como locales el Club Universidad Nacional, el Club América, Necaxa y Atlante.
Sin embargo, el mayor evento que albergaría el estadio llegaría hasta 1968, cuando en un contexto de tensión social, los ojos de México y el mundo se posaron sobre la figura de Enriqueta Basilio mientras encendía la llama del pebetero, inaugurando las decimonovenas olimpiadas. Entre los días 12 y 27 de octubre, atletas de todo el mundo se dieron cita en la pista del estadio para competir, regalándonos momentos para la posteridad, entre los que destacó la protesta en contra de la violencia racial en Estados Unidos por parte de los corredores Tommie Smith y John Carlos durante la premiación de los 200 metros planos.
Diego Rivera frente al mural La Universidad, la familia y el deporte en México
Colección: Carlos Lazo, Saúl Molina
Además de las Olimpiadas, el Estadio Olímpico albergó partidos de la Copa Mundial de la FIFA en el año de 1986, entre los que destacan dos partidos de Argentina, que a la postre terminaría siendo campeón y que contaba con Diego Armando Maradona, considerado en aquel momento como el mejor jugador del mundo. A los juegos de la albiceleste se le suma el encuentro entre la vigente campeona Italia y la Francia de Michel Platini por los octavos de final de la justa.
El último evento de talla internacional que albergó el estadio fueron los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en 1990 y desde entonces, se ha utilizado principalmente para partidos del Club de Fútbol Cruz Azul y el Club Universidad Nacional (Pumas) como equipos locales. Además, es casa de Pumas C.U, equipo de fútbol americano de la universidad y del maratón de la Ciudad de México, pues el evento comienza en su pista de atletismo.
El aspecto cultural del Estadio Olímpico Universitario se puede apreciar desde su fachada del lado oriente, en la que se encuentra el mural La universidad, la familia y el deporte en México de Diego Rivera, quien aseguró que el mural era la obra más importante de su carrera. Dicho mural está conformado por el escudo universitario, con el cóndor y el águila sobre un nopal. Bajo sus alas extendidas se encuentran tres figuras que representan a unos padres entregando la paloma de la paz a su hijo. En los extremos se encuentran dos figuras gigantescas que corresponden a unos atletas, hombre y mujer, que encienden la antorcha del fuego olímpico. Una enorme serpiente emplumada, la imagen simbólica del dios prehispánico Quetzalcóatl, complementa la composición.
La importancia de los acontecimientos deportivos, su arquitectura innovadora,el mural de Diego Rivera, y la utilización del estadio como parte de la megaofrenda de día de muertos de la UNAM, le valieron ser inscrito en la lista de sitios que son Patrimonio Cultural de la Humanidad en el año 2007, junto con el resto de Ciudad Universitaria. Lo anterior se debe a que la UNESCO reconoció su valor excepcional como un conjunto monumental que integra arquitectura, urbanismo, ingeniería, paisajismo y arte, así como su valor social y cultural.