Por: Arody Rangel

Vicente Leñero y la construcción del guion cinematográfico

“Pienso que no he sido más que escritor y creo que un escritor, aunque parece redundante, lo que hace es escribir en cada una de las formas. Yo veo al cine como escritor, veo al teatro como escritor, veo a la novela como escritor”.

Vicente Leñero

Se graduó ingeniero por satisfacer la demanda familiar de hacer estudios universitarios, mas, joven y recién casado, Vicente Leñero discutió con Estela, su esposa, sobre su inquietud de dedicarse a lo que realmente deseaba hacer: escribir. Ella asintió, lo animó y apoyó en su anhelo; fue así como dejó su lugar en la empresa e inició su aventura en las letras.

Leñero se ha hecho de un lugar en la memoria y cultura mexicana de muchas formas, desde muchos caminos. Si uno pone su nombre en el navegador, la primera referencia suya que aparece es la novela Los albañiles (1964), hecha a partir de una serie de cuentos que hubo de organizar en una narrativa más amplia para la beca que le otorgó en Centro Mexicano de Escritores y que le mereció el Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral. Si asomamos más las narices, nos enteramos que Vicente fue también periodista, que uno de sus inicios en el oficio fue en una publicación llamada Claudia en donde hasta llegó a inventar los horóscopos, pero que el momento decisivo de su carrera en los diarios estuvo marcado por su estadía en Excélsior y la postrer fundación, junto a Julio Scherer, de la revista Proceso, la respuesta del gremio ante el ataque a la libertad de expresión que sufrió el periódico en los 70 por el gobierno de Luis Echeverría.

Y ahondando un poquito más, nos topamos con que el escritor desertor de la ingeniería escribió telenovelas, teatro y también cine. Del mundo de la pantalla chica, sólo está la referencia al hecho de haberlo hecho. Del mundo de las bambalinas quedan memorias de sus obras en compañía de los dramaturgos Ignacio Retes y Luis de Tavira. Y de la pantalla grande, una decena de guiones que filmó junto a directores como Francisco del Villar, Roberto Gavaldón, Arturo Ripstein o Luis Estrada, tres generaciones de cineastas y del mismo cine nacional, que no es decir poco, además del cuádruple reconocimiento de la Academia Mexicana de las Artes y Ciencias Cinematográficas por su maestría en el guion.

Su primer trabajo para la pantalla grande fue con El festín de la loba (1977) de Francisco del Villar y de ahí en más, hasta llegar a Fuera del cielo (2006) de Javier Patrón Fox, los guiones de Vicente Leñero fueron principalmente adaptaciones de obras literarias. En algún lugar, el escritor señaló que esto fue así porque a falta de imaginación, prefería trabajar con la materia de los otros; pero también dijo en otro lado que el escritor lo es sin importar qué forma elija para expresarse y en el caso de su narrativa cinematográfica, nos encontramos con un saber re-crear que en él implicó la estructuración propia de esa profesión pretendidamente abandonada, porque en realidad fue reorientada, la ingeniería, y la precisión que le vino del periodismo.

A Leñero lo llevamos muchos en eso que se llama inconsciente colectivo o cultura popular, son suyas las estructuras de algunos de los relatos fílmicos más afamados de las décadas en tránsito entre el viejo y el nuevo siglo, un tránsito que ha sido asimismo cultural, social y hasta político. A esas historias, las que él construyó y que son nuestras también, dedicamos este Top Cine.


Misterio (Estudio Q)
Dir. Marcela Fernández Violante (1980)



Entre las adaptaciones que hizo Leñero, están las de sus propias novelas y siempre se remite a Los albañiles, llevada al cine por Jorge Fons en 1976, pero aquí queremos hablar de Estudio Q. La novela hace sátira y crítica de la simulación que ocurre en la televisión: vidas prístinas se fabrican ahí para que sean consumidas por montones de personas a las que se busca mantener en la aspiración de alguna vez llegar a vivir de igual modo. Para materializar la simulación y manipulación, se echa mano de un actor de telenovela, Alex, quien entra en un bucle sin salida aparente en el que las escenas que graba para la pantalla chica se prolongan en su vida real y viceversa; para este hombre atrapado por la industria cultural y cuyo destino depende por entero del productor, parece no haber solución salvo la resignación, pero su silenciosa desesperación verá en el revólver destinado a una escena el final de su condición. La película fue dirigida por la cineasta Marcela Fernández Violante y protagonizada por Juan Ferrer y Helena Rojo, verdaderas lumbreras de la televisión; para la cineasta y Leñero, este filme les mereció el Ariel a Mejor Argumento Original y Mejor Guion Cinematográfico en 1981.



Mariana, Mariana
Dir. Alberto Isaac (1986)

¿A quién interpela el “Oye Carlos, ¿por qué tuviste que salirte de la escuela esa mañana?” de Las batallas del Café Tacvba? ¿Es al Carlitos de las famosísimas páginas de José Emilio Pacheco o al de la película de Alberto Isaac? Creo que más de uno estará de acuerdo con que, en todo caso, ese Carlitos está hecho de música, literatura, cine y nuestros corazones conmovidos y destrozados por su historia. Ahora bien, cabe aún decir que el Carlitos de Mariana, Mariana se lo debemos a Leñero y a su rehechura de la novela corta de Pacheco para la pantalla grande. En la cinta protagonizada por Pedro Armendáriz Jr., Luis Mario Quiroz y Elizabeth Aguilar, pasamos de la evocación de las páginas que han marcado a montones y montones de jóvenes en México, a los recuerdos del mismo Carlitos, quien enfrascado en el tráfico y en la desencantada vida adulta, escapa a sus días de infancia en el Colegio Montés de Oca, a las pláticas familiares de sobremesa, a su amistad con Jim, sus tardes de cine y las meriendas en casa de él, pero sobre todo, a Mariana, la madre de su mejor amigo, pero ante todo, su primer amor: por ella, Carlitos comprendió el sentido de un bolero (Por alto esté el cielo en el mundo / por hondo que sea el mar profundo / no habrá una barrera en el mundo / que mi amor profundo no rompa por ti...) y lo que la realidad duele. Este guion le mereció un segundo reconocimiento de la AMACC en 1988.





El callejón de los milagros
Dir. Jorge Fons (1994)



Adaptación cinematográfica de la novela homónima, escrita por el Nobel Naguib Mahfuz en 1947. En este guion, por el que obtuvo un tercer Ariel en 1995 y el Premio Coral del Festival de La Habana, Vicente Leñero nos ofrece las premisas de la novela original y a sus personajes, trasladando el argumento del Egipto de la Segunda Guerra Mundial al Centro de la Ciudad de México de los 90, sin perder en este viaje por el espacio y el tiempo ni una pizca del sentido original. La historia de Mahfuz se cuenta a través de varios personajes que pertenecen a las clases bajas y quienes padecen desde distintos frentes la estructura de riqueza y poder que sostienen con sus espaldas; e igual ocurre con la historia de Leñero, que es contada de formas distintas según el personaje que tiene la atención de la cámara y nos ofrece un retrato bien nítido del populacho capitalino: el machismo y la violencia hacia la mujer imperantes; hombres adultos que escapan a su rutina doméstica en aventuras homosexuales o que espectan segundas nupcias con alguna jovencita del barrio, con sus correlatos femeninos que han de cargar y padecer con estas decisiones; jóvenes que sueñan con emprender su propio negocio o con migrar al gabacho a trabajar, en tanto que para las muchachitas no parece haber otra salida que la que un hombre pueda aportar. Es tan irremediable el peso del sistema que cargan Alma (Salma Hayek), Abel (Bruno Bichir), Chava (Juan Manuel Bernal) y otros tantos, tantísimos como ellos, que el título de la obra no puede ser más que un indicio irónico del desamparo y el despojo.



La Ley de Herodes
Dir. Luis Estrada (1999)

Como si hubiera que ver el anverso de la cinta anterior, esta película-escándalo parte de la premisa de mostrar quiénes son esos que viven a costa de las personas, a quién se debe la miseria social, que no es gratuita pues. Estaban próximas las elecciones federales en México y en el mundo arribaba el nuevo milenio, en el país todo parecía indicar que el partido que había estado en el poder desde el siglo anterior haría alguna de las suyas por mantener la silla presidencial y esta película daba cuenta, con ríspido humor, de exactamente a qué se refiere la expresión “hacer de las suyas”. El escándalo tal vez se deba más al haber expuesto en la pantalla una verdad solapada, que a la verdad misma: incomoda más decirle a la gente sus cosas cuando se reconforta en pensar que todos hacen oídos sordos y vista gorda. En este guion, que suma un Ariel más para Leñero como hacedor de historias de cine, nos encontramos en tiempos de Miguel Alemán y al partido tricolor tratando de acallar un lío en un municipio para llegar “limpio” a las elecciones; el sujeto electo para tal misión resulta “más cabrón que bonito” e interioriza tan a la letra aquello de la Ley de Herodes (“o te chin.. o te jo…”) que no nos cabe duda del lodazal que fue caldo de cultivo de la estirpe política que vino luego a gobernar.





El crimen del padre Amaro
Dir. Carlos Carrera (2002)



Considerada la película que inaugura lo que se ha dado en llamar “nuevo cine mexicano”, es la adaptación de la novela homónima del escritor portugués Eça de Queirós (de 1875 y considerada la primera de la corriente realista en Portugal). Para Leñero, esta recreación, como ya se puede adivinar, le mereció un reconocimiento más de la AMACC en 2003 y una vez más el Premio Coral del Festival de la Habana en 2002. Con Gael García Bernal y Ana Claudia Talancón como protagonistas, la historia denuncia la corrupción de la iglesia católica a través de un joven sacerdote destinado a grandes cargos en la diócesis, pero que ha de comenzar sus pasos en la parroquia de un pueblito; es ahí donde el joven cura Amaro cede al pecado de la carne con Amelia, una jovencita de quien aparentemente se ha enamorado, pero a la que desampara al saberla embarazada y luego orilla a la muerte con tal de salvar su destino sacerdotal. Pero Amaro es sólo un aspecto del gran teatro que se expone en esta cinta: a la ruptura del voto de castidad y el control social que también se denuncian en la original portuguesa, Leñero suma las aristas políticas de la clase clerical en México y expone la hipocresía en que resultan todas las homilías cuando quienes ofician están coludidos con el narcotráfico, manipulan a los medios de comunicación y secundan la represión de rebeldías que claman justicia. Los del padre Amaro se nos ofrecen entonces como un esbozo de los crímenes que esa gran y podrida institución perpetra en nombre de la fe.