La moda significa al mundo y se significa a ella misma. Este imperio de lo efímero extiende su órbita a nuevas esferas sin discriminar capas sociales o grupos de edad. A este fenómeno se le estudia de manera crítica, como un reflejo de la época que se dejó seducir por la tendencia – por amplia o corta que sea-, y por ello amerita detenerse a pensar ¿si ha sido tan efímera, frívola o contradictoria, por qué ha penetrado en la historia humana?
En este Con-Ciencia visitaremos el hermoso impulso unificado de los últimos años: juguetes, y aún más importante, a quienes están detrás de ellos. Hace poco más de una década atrás, surgió un fenómeno que, según mis fuentes cercanas, abarcó a buena parte de aquella juventud, los elfos. Al no ser parte de la generación que convivió con dicha tendencia, no haré más que traer el recuerdo a sus memorias únicamente como antecedente para fines de esta nota. Ahora, con eso en mente, han llegado nuevas criaturas, objetos, tendencias realizadas por personajes que ameritan mención honorífica por dejar su huella en este fenómeno histórico que, como consecuencia, vacía nuestras carteras a cualquiera de nosotras, nosotros, nosotres, de voluntades frágiles y fuertes deseos de poseer aquella curiosidad que adornará repisas, bolsos o dispositivos.
A ojo de buena cubera, diría que esta tendencia encabeza la lista de deseos actualmente, desde Uniqlo y Vans, a tamales y amlitos, los Labubus no han discriminado, y por el contrario, forman parte de cada esquina, de cada bolso, de cada camisa y hasta de cada conversación. Un fervor que puede ser difícil de explicar pero imposible de ignorar, así abren los resultados de mi búsqueda, y algunos resultados más abajo, encuentro el nombre de su creador, el ilustrador Kasing Lung.
Diseño, arte y cultura pop encontraron su lugar en estas figuras peludas de pequeñas dimensiones, orejas afiladas -una más grande que la otra para asegurarnos que sean originales, según las fuentes que me han ayudado en esta investigación- y dientes puntiagudos -tendrían que ser nueve, otro signo de su pedigree-. Del artista nacido en Hong Kong y criado en los Países Bajos, el diseño de estas criaturas nace de los cuentos de hadas europeos y la mitología nórdica que leyó en su infancia. En 2015, publicó la serie de historias The Monsters, donde presentó a Labubu y otros personajes, este primero inspirado por una caricatura que es de común conocimiento: los Pitufos.
Adornando las bolsas de ídolas del k-pop, este fenómeno se catapultó, y su versatilidad ha llevado a Pop Mart, cadena que vende estos artículos, a lanzar Labubus inspirados en famosos personajes y obras de arte.
Figuras angelicales, pequeñas, regordetas y sonrientes –la versión contemporánea de Precious Moments, observación atinada de una fuente confiable- estas figuras, en realidad inspiradas en Kewpie, se han apoderado de mochilas, bolsos, teléfonos, abrigos y, por qué no, espejos retrovisores. Lo que te tocará es un completo misterio, pero la felicidad y energía positiva que los fanáticos obtienen es una garantía. Provenientes de Japón, estas figuras fueron creadas en 2004 con una estatura de 18 centímetros. Hoy miden entre 7 y 8, pero su conquista ha ido en aumento. El efecto sorpresa añade un toque de nostalgia y unos varios millones de pesos a la compañía, pues el furor por tener más, indiscutiblemente se apodera de los compradores. Sonny es en realidad el apodo que recibía su creador, vaya forma de inmortalizarse.
Esta es la historia de un renacer y por esa loable labor es que está en esta lista. También es porque, muy probablemente, fue mi primer acercamiento a una tendencia que no entendí, que no sabía que estaba sucediendo y que generó en mí la suficiente curiosidad como para investigar más al respecto. Si bien Epoch es el nombre de la compañía, el hombre que cambió las reglas de este juego es Michihiro Maeda. Los Sylvanian Families, Ternurines para los cuates mexas, fueron lanzados en 1985 y desde ese momento fueron juguetes bastante populares entre las infancias.
El éxito fue tal, que en 2007 estas figuras antropomorfas protagonizaron su propia miniserie y se catapultaron como iconos de las culturas kawaii y pop. Toda la franquicia se desarrolla en Sylvania, una aldea ficticia en algún lugar de América del Norte y visten una moda propia de los 50. Poseer una colección digna puede costar miles, porque las viviendas, comercios, razas y parques son tan bastos como en el mundo real.
Only the best is good. Ese es el espíritu Lego, una de las compañías consentidas de los tiempos modernos que ha sabido sobrellevar la fuerte crisis juguetera.
Si bien, a diferencia de las menciones anteriores, este objeto no es tan portátil – dejando de lado sus derivados como llaveros o tazas – me atrevería a decir que Lego fue de los pioneros en convocar a coleccionistas.
De apenas 20 años, el joven danés Ole Kirk comenzó a trabajar en Alemania y Noruega como carpintero, para después regresar a Dinamarca, lugar en donde inauguraría su primera fábrica. Muebles pequeños y juguetes de madera llenaron los estantes de Billund Woodworking Factory, la compañía de Christiansen que, tras descubrir el éxito de los juguetes, especializó su fábrica en ellos con un ligero cambio: tomó dos palabras danesas, Leg Godt - jugar bien – y juntó las dos primeras letras de cada una para formar el nombre que hoy estampa brillantes bolsas amarillas.
Colores inspirados en el arte de Mondrian, los Automatic Binding Bricks – así patentados tras el gran cambio de los bloques, en donde ya no sólo se apilaban, ahora embonaban – encontraron en las franquicias cinematográficas, de videojuegos, etc., la forma de permanecer actualizados y deseados. No es para menos, el Lego System es infalible, un bloque de plástico con infinitas posibilidades.
Esta lista es sólo un reflejo de mi época, aquello que mi cultura me ha expuesto en su inmenso mosaico, pero sin duda, estos fenómenos comparten características: no sólo son objeto de furor y deseo, han sido absorbidos por la cultura de la piratería, adaptados al folklor cotidiano, caros para el día a día y, sobre todo y aún más importante, tema de debate en las mesas, escritorios y autos.