Por: Arody Rangel

Filosofía, anarquía y revolución

“Para lograr que la rebeldía inconsciente no forje con sus propios brazos la cadena nueva que de nuevo ha de esclavizar al pueblo, es preciso que nosotros, todos los que no creemos en Gobierno, todos los que estamos convencidos de que Gobierno, cualquiera que sea su forma y quienquiera que se encuentre al frente de él, es tiranía, porque no es una institución creada para proteger al débil, sino para amparar al fuerte, nos coloquemos a la altura de las circunstancias y sin temor propaguemos nuestro santo ideal anarquista, el único humano, el único justo, el único verdadero”.

Manifiesto a los anarquistas de todo el mundo y a los trabajadores en general, Ricardo Flores Magón – 6 de marzo de 1918


Este 19 de noviembre celebramos en México nuestro primer Día Nacional de la Filosofía, declarado por las cámaras legislativas en diciembre del 2019 y a conmemorarse de forma anual el tercer jueves de noviembre, al igual que el Día Internacional de la Filosofía de la UNESCO. La razón de conmemorar este día en nuestro país atiende al reconocimiento de que la presencia de la filosofía en la formación de las personas es clave para su desarrollo integral como ciudadanos libres y autónomos, y que en vistas de que esta disciplina es a menudo una gran desconocida entre la gente, dedicarle un día al año permitirá concientizar sobre su carácter y valor.

Si bien, la antigua sabiduría grecolatina reza “una golondrina no hace primavera (o verano)” ‒es decir, que un día solo no basta‒, como decimos de este lado para consolarnos, “pues algo es algo”. Quizás la razón por la que la filosofía es una gran desconocida entre los mexicanos sea, a su vez, el desconocimiento que tenemos de nuestra propia historia, tanto en lo que toca a aquellas civilizaciones mesoamericanas que habitaban estas tierras antes del arribo de los conquistadores europeos, como en lo que concierne, ya no digamos a los acontecimientos del siglo pasado, somos tan desmemoriados que no nos acordamos ni de lo que pasó el sexenio anterior. Una frase, de la que es impreciso señalar el autor, observa con precisión que “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” y así, el mexicano no cesa de repetir la plana; tanto como ignora su historia, nada sabe de la potencia filosófica de las cosmovisiones maya o mexica, ni de las ideas filosóficas que insuflaron las luchas de Morelos o de Juárez, menos de los grandes pensadores que ha dado esta tierra, ni que su identidad, la de él como mexicano, ha sido la piedra de toque de amplísimos debates y disquisiciones.

Al 19 sigue el 20 y a éste el 21, ¡ni cómo dudarlo! ‒aunque cabe la posibilidad de que un genio poderosísimo y maligno me engañe precisamente en las cosas que doy por más ciertas, los números y las matemáticas… pero eso es otra historia‒; éstos, que no son más que números, adquieren un significado cuando marcan la fecha en el calendario, por ejemplo, este 19 de noviembre es el Día Nacional de la Filosofía en México, el 20 de noviembre conmemoramos el “inicio” de la Revolución mexicana de 1910 y un 21 de noviembre de 1922 murió estrangulado en una celda de la prisión de Leavenworth, Kansas en Estados Unidos el rebelde apóstol anarquista, Ricardo Flores Magón, hombre de acción que lanzó las críticas más fuertes al régimen porfirista, organizó los movimientos obreros que antecedieron a la revuelta revolucionaria y se mantuvo crítico de los caudillos que se sucedieron en el poder con la falsa impronta de la justicia social.

Libertario, radical e incorruptible, este hombre al que tanto debe la Revolución en lo que toca a sus ideales ‒¿y qué es una revolución sin ideales?‒, fue perseguido y finalmente asesinado por la amenaza que representaba al poder, incluso al que se autoproclamaba revolucionario. La historia oficial apenas lo menciona sin hacer justicia a su nombre, pero sobre todo a su causa; nosotros queremos recordar sus ideas incendiarias en este Día Nacional de la Filosofía, ideas que abrevaron de la impronta marxista de que la filosofía debía transformar la realidad y guiaron sus pasos rebeldes en ese olvidado episodio de la historia nacional que lleva su nombre.

Nació un 16 de septiembre de 1873 en Eloxochitlán, Oaxaca. Segundo hijo de Margarita Magón y Teodoro Flores, quienes se conocieron en Puebla, de donde ella era, cuando Teodoro combatía en las filas del ejército nacional que defendía el lugar contra los invasores franceses; Margarita, según cuentan, lanzaba vivas a los soldados y una vez terminado el combate, Teodoro la buscó y después se casaron. Los Flores Magón se mudaron a la capital cuando Ricardo tenía 8 años, el pensamiento juarista y liberal inculcado en su casa tuvo su primera resonancia cuando estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria y se unió al movimiento de estudiantes que se manifestaban en contra del reeleccionismo de Díaz.

Hacia 1892 inició sus estudios universitarios en jurisprudencia y pronto se adhirió al movimiento estudiantil de causa obrera y antirreleccionista junto con su hermano mayor Jesús, hazaña que les valió su primera estancia en prisión. En los años que siguieron, Ricardo tomó la pluma como principal medio de combate y colaboró en diarios afines a sus intuiciones, se entregó asimismo a la lectura de los pensadores radicales de la época y su entrada en contacto con las condiciones laborales del sector fabril terminó por decantarlo de lleno en la causa social. En 1900, él y Jesús crearon el semanario Regeneración, que en cuestión de meses cambió su epígrafe de “periódico jurídico independiente” a “periódico independiente de combate”; esta publicación se editó hasta 1918, no sin tropiezos, pues pronto conoció la represión del régimen dictatorial de Díaz, el blanco principal de las críticas que los Flores Magón vertían en aquellas páginas, donde señalaban su arbitrariedad, el entregar las tierras a los extranjeros y la violación sistemática de los derechos fundamentales de los desclasados y desposeídos; de hecho, la publicación estaba dirigida al pueblo con el propósito de despertar la conciencia de clase, la necesaria sacudida de la enajenación y la iniquidad, sin la que no es posible emprender la lucha.

Regeneración fue prohibido por el régimen porfiriano, pero los Flores Magón encontraron el modo de seguir izando sus plumas combatientes en El hijo del Ahuizote, luego en El padre del Ahuizote, llegaron hasta El nieto y El biznieto del Ahuizote debido a la represión, hasta que finalmente Díaz prohibió la publicación de cualquiera de sus escritos y los encarceló, hecho que no impidió que los periodistas continuaran escribiendo aún en prisión. Al ser liberados, los hermanos se exiliaron en Laredo, Texas, pero incluso en la “tierra de la libertad” fueron perseguidos debido al contubernio entre las autoridades estadounidenses y el gobierno dictatorial; hacia 1904 reanudaron la publicación de su periódico independiente de combate, el cual lograron contrabandear a México con ayuda de los ferroviarios, obreros y pequeños comerciantes de la frontera; la persecución los llevó a trasladarse a Missouri, donde a pesar de las prohibiciones continuaron editando su semanario. Allí, Ricardo conoció a Emma Goldman, activista rusa de origen judío, quien fuera declarada la mujer más peligrosa de América, y por cuyo influjo entró en contacto con el pensamiento anarquista; y también allá, reunieron a la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

El PLM fue creado bajo el lema de “Reforma, Libertad y Justicia”. No obstante la radicalidad de las posiciones políticas de los Flores Magón, adheridos ya al anarquismo, para elaborar el programa del partido convocaron a los ciudadanos a enviar sus necesidades, propuestas y soluciones para que el organismo reflejara los intereses del pueblo y no los de un grupo reducido. La cautela en declarar abiertamente el anarquismo atendía al hecho de que las autoridades empleaban el término para señalar un afán de destrucción del orden establecido que era necesario perseguir y acallar, y que entre el común de las personas este pensamiento radical no contaba aun con terreno fértil para instalarse; así, el ideal de abolir cualquier régimen que instaure jerarquías y diferencias entre los hombres en favor de arribar a un estadio en que primen la libertad y la igualdad, sólo posibles con el reparto equitativo de la tierra, el trabajo y la riqueza, se pospuso por la urgente agenda de suprimir la reelección presidencial, asegurar la libertad de expresión y de prensa, garantizar la educación universal, laica y obligatoria, así como hacer valer los derechos de los trabajadores y el reparto agrario entre los campesinos. En realidad, no es que se posponga un ideal en favor de otro, es más bien cuestión de pasos: sólo al abolir la propiedad privada, desmantelar el sistema capitalista y hacer real el reparto de las riquezas, podrán los hombres plantearse de forma radical vivir sin necesidad de ningún yugo, de ninguna autoridad; vista de este modo, la anarquía no es el caos, sino la armonía de las voluntades que pueden asegurarse la vida en común sin mediación de ningún poder.

Imposible no reconocer la misma agenda en las consignas revolucionarias y presumiblemente resuelta en la Constitución de 1917, pero cabe aclarar algunas cosas. Antes del llamado a la insurrección que hizo Madero en 1910, el PLM ya había articulado en 1905 y 1907, respectivamente, las huelgas de Cananea y Río Blanco, dos movimientos obreros duramente reprimidos por el régimen porfirista que dan cuenta del estado de inconformidad de las clases explotadas y de su organización; por otro lado, en 1906 Ricardo Flores Magón, presidente de la Junta Organizadora del PLM a través de una circular convocó al pueblo mexicano a tomar las armas para derrocar a Porfirio Díaz, convencido de que tras la represión de los obreros el único camino a tomar era la guerra. La astucia le mereció de nuevo la prisión, en 1907 él y otros libertarios fueron condenados a 36 meses de cárcel por el gobierno estadounidense por el supuesto cargo de espionaje, pero esto no impidió que tras las rejas se organizara el movimiento revolucionario de 1908 en el que grupos liberales combatieron desde Coahuila, Chihuahua o Veracruz, si bien fueron derrotados y no alcanzaron sus propósitos.

Por otro lado, se habla de magonismo como de maderismo, villismo, zapatismo, carrancismo y demás ismos protagonistas de la revuelta armada; pero si hay que ser justos, la lucha del PLM no era la de Ricardo Flores Magón o de los hermanos Flores Magón, es decir, no llevaba su nombre, pues en la lógica de sus ideas la figura de un líder o caudillo era contraria al desmantelamiento de la autoridad; los del PLM se llamaban a sí mismos liberales o libertarios y su consigna fue siempre “¡Tierra y Libertad!”. Ricardo no cesó de alertar sobre el espejismo del maderismo y de los otros ismos que después de éste echaron mano de la adhesión de las masas iracundas para expulsar al dictador y después a los “usurpadores” o “traidores” para ponerse en su lugar, sin ocuparles realmente los intereses que llevaban a la gente a entregar su vida. De cara a esta farsa, entre 1911 y 1916, los liberales del PLM se desmarcaron del resto de facciones en lucha y adoptaron un discurso abiertamente anarquista, pero también vieron mermado el número de sus simpatizantes, por ejemplo, Jesús se adhirió al maderismo y Enrique abandonó la causa durante el carrancismo que llevó a prisión en 1916 a Ricardo Flores Magón.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Ricardo vio la oportunidad de convocar a todos los pueblos del mundo a la lucha social. La advertencia lanzada en 1912: “Mientras haya pobres y ricos, gobernantes y gobernados, no habrá paz, ni es de desearse que la haya porque esa paz estaría fundada en la desigualdad política, económica y social, de millones de seres humanos que sufren hambre, ultrajes, prisión y muerte, mientras una pequeña minoría goza toda suerte de placeres y de libertades por no hacer nada” y que constató con la promulgación de la constitución de 1917: “la Constitución no fue escrita para emancipar a la clase trabajadora, sino para garantizar a la burguesía el disfrute pacífico de sus rapiñas, y dar a la autoridad el prestigio y la fuerza moral que tanto necesita para ser obedecida y temida”, en 1918 se transforma en un ideal combatiente que busca hermanar a todos los hombres y mujeres del mundo en la necesidad de la Revolución social, propicia por ese mundo que agoniza, cuyo ocaso bien podría ser el suelo fértil para realizar la consigna anarquista de Tierra y Libertad.

La convocatoria se hizo pública a través de un Manifiesto que apareció en Regeneración el día 16 de marzo de 1918. La hazaña le mereció su última estancia en prisión y también la última de sus expiraciones. Se notificó a la familia y a los miembros sobrevivientes del partido sobre su muerte por paro cardiaco, el gobierno de México arregló todo para que su cuerpo fuera velado y sepultado en la natal tierra, sin embargo, fueron colectivos de trabajadores y ferroviarios quienes organizaron y acompañaron su traslado hacia territorio nacional. El radical rebelde de las peligrosas ideas incendiarias no gozaba de buena salud y padecía los primeros signos de la ceguera, no obstante, fue ahorcado en su celda, ¿bajo qué orden? Poco importa, la pregunta en realidad es ¿a quién le sirve ese orden?