El surgimiento hace miles de años de una cadena de volcanes y montañas dio lugar a una fructífera cuenca, que, en su seno, alojó cinco lagos. Uno de ellos llamado Xochimilco, cementera o lugar de flores en náhuatl, hoy Patrimonio de la Humanidad por su riqueza cultural que se conforma de sitios arqueológicos, monumentos coloniales, parajes y, sobre todo, alfombras vegetales que cubren su canal, las valiosas chinampas.
La población de Xochimilco era muy diversa, pues se formaba por varias etnias, entre xochimilcas, tepanecas, culhuas, otomíes, chalcas, tlahuicas y mexicas. Además de esta riqueza de culturas, Xochimilco también goza de una gran diversidad natural, pues no solo posee entornos lacustres. Por supuesto, la zona chinampera es su principal fuente de comercio y economía, pero alberga dos más igual de relevantes: la zona cerril, en la parte central de la delegación, reconocida como Patrimonio Biocultural por sus tecorrales y metepantlis, terrazas agrícolas que datan de más de 2,000 años atrás; y de montaña, con cerros que rodean la zona lacustre y que son cruciales para alimentar los mantos acuíferos, además de ser hogar de diversos bosques mixtos y su fauna.
Durante el reinado de los aztecas, la ruta de Xochimilco y Chalco se dibujaba entre decenas de miles de islotes, las chinampas, todas con agua que bajaba de la Sierra del Ajusco-Chichinauhtzin, de los volcanes y de manantiales aledaños. Así, los xochimilcas comenzaron a construir islotes, primero de la orilla del lago hacia dentro de la tierra, después, se aventuraron a hacerlo dentro del agua.
La construcción de las chinampas era laboriosa, comenzaba con un estacado, y posteriormente, se tejía un entramado de ramas y varas para hacer una suerte de gran canasta que se llenaba con flores, piedras y plantas, recursos que podían tomar de su entorno, hasta que lograban alcanzar unos 40 o 50 cm sobre el nivel del agua, para evitar inundaciones, pero al mismo tiempo, permitir siempre la humedad de la superficie para el cultivo.
Si en alguna de nuestras visitas hemos prestado atención, habremos notado que, en el contorno de las chinampas, sobresalen unos largos y espigados árboles. Estas figuras, ahuejotes, son clave en la estructura de la chinampa, pues le dan estabilidad con sus raíces.
Hoy, este sistema sigue teniendo una alta actividad de producción, pues las chinampas pueden proveer de hasta cuatro cosechas al año, lo que la vuelve una de las zonas más productivas del mundo, sin embargo, desde la Revolución mexicana, las chinampas ya no se construyen, pues con el conflicto bélico, la gente abandonó los poblados para huir, dejando también de lado el levantamiento y cuidado de este sistema de cultivo.
A esto, también se suma una de sus más grandes crisis, pues el último hábitat de los ajolotes ha sufrido de importantes saqueos de su recurso vital, el agua. El origen de este robo data de 1911, cuando en Xochimilco se construye el acueducto que llevó el agua de los manantiales a la Ciudad de México, y con eso, comenzó el colapso de la zona lacustre.
El caos visual y sonoro del centro de Xochimilco contrasta con la perfecta organización de su gente. La unión es una de las más valiosas cualidades de la comunidad xochimilca que hacen de este espacio, una plétora de festividades, como el caso del Domingo de Gloria o la quema de Judas y toritos, eventos sin duda catárticos.
Y en medio de una antropología de los objetos, está el Niñopa, un figurín de 51 cm, un niño Dios del siglo XVI, prácticamente el hijo de Xochimilco, quien es motivo de una intensa actividad religiosa. Cada año, el INAH le da un tratamiento a esta figura que dicen, sale a visitar enfermos sin que nadie lo vea, y lo saben, porque sus zapatitos siempre aparecen gastados.
El niño da todo, pídaselo de corazón y él se lo concede
El Niñopa, que en náhuatl significa peregrino de los barrios o niño del lugar, es una muestra de los valores comunitarios que preservan la cultura y las tradiciones ancestrales vivas. Durante un año, las mayordomías son anfitriones de todo aquel que quiera visitar al niño, se calcula que eso puede significar el recibimiento de cerca de mil personas, y el día que lo reciben, deben preparar un festín para todas y todos.
El privilegio de custodiarlo puede tomar hasta 30 años en lograrse y cada 2 de febrero, Día de la Candelaria, cambian las mayordomías, quienes también marcan el ritmo de los habitantes con la organización de las fiestas patronales. Además, esta fecha es clave, porque también se bendicen las semillas para la siembra tanto de maíz y calabaza, como de legumbres.
Además de este momento cúspide en los festejos comunitarios, en su interior, Xochimilco alberga un gran tesoro, la Catedral de San Bernardino de Siena, uno de los primeros conventos franciscanos, que, junto con el de Acolman, son de las primeras muestras de arquitectura plateresca, característica del siglo XVI. La portada de la catedral es sobria, pero en su interior resguarda ocho retablos barrocos que se han mantenido intactos desde el siglo XVIII.
En 1943, el lente dirigido por el Indio Fernández capturó la historia indigenista de María Candelaria interpretada por Dolores del Río y Pedro Armendáriz. Fue, a raíz de las tomas logradas por Gabriel Figueroa, que la gente comenzó a visitar los canales de Xochimilco. Tomaron algunas canoas y conocieron sus prolíficas chinampas. Los locales iniciaron entonces algunas fondas y restaurantes para los visitantes. Después, idearon la colocación de un tablón al centro de la canoa, sillas y un techo, y así, por la cinta ganadora en el Festival de Cannes, los jóvenes de la Ciudad de México tuvieron un lugar al que llegar cada que sus bocas sedientas buscaran un espacio de encuentro.
Es de este modo, que los años cuarenta marcaron el nacimiento de uno de los símbolos turísticos más emblemáticos de nuestra capital, y también, una de las amenazas más latentes a este patrimonio.
En octubre de 2023, diversas instituciones anunciaron que Xochimilco sería reconocido como el primer Barrio mágico. Los xochimilcas, de los 14 pueblos originarios, nunca fueron consultados al respecto.
Las batallas por la defensa del territorio en Xochimilco son habituales, y la unidad entre sus pueblos originarios los ha llevado a ganar amparos, como en inicios del mismo año, cuando se opusieron a la construcción de un cuartel de la Guardia Nacional en el Vivero Nezahualcóyotl, pues esta propuesta vulneraba los derechos a la consulta libre e informada, así como a un medio ambiente sano para los habitantes.
El nombramiento desembocó en diversas manifestaciones de resistencia y temores frente a la turistificación de su patrimonio cultural, como el Encuentro de resistencias por la defensa del territorio, el agua y la vida, llevado a cabo en el mes de julio del 2024, cuando los locatarios discutieron en conjunto los impactos del cada vez más cercano Mundial de Fútbol, el capitalismo en los pueblos y ecosistemas, y, por supuesto, qué podían hacer para ganar la batalla contra la creciente crisis ecológica y social.
A lo largo de este tiempo, el nombramiento de barrio mágico ha manifestado sinsustancias, ¿Qué es lo que ampara el programa?, ¿Cuáles son las responsabilidades que este nombramiento implica?, Un certificado meramente simbólico fue lo único que las autoridades presentaron ante el llamado, del cual se demostró que no cuenta con reglas de operación, convocatoria, estudios de factibilidad, ni presupuesto.
Además del marco legal, los locales también se opusieron al título por considerar que Xochimilco está compuesto de 14 pueblos originarios, no un solo barrio, y que la designación lo reduce y mercantiliza, exotizando su territorio para procesos que atentan con su calidad de vida y acceso al agua. Este miedo se acrecentó con la llegada del turibús, que implicó la invasión de un espacio comunitario, la Casa del Pueblo de San Gregorio Atlapulco, y que hoy transita en las inmediaciones de los espacios de cultivo.
Sisal, en Yucatán, Malinalco, en el Estado de México, San Pedro y San Andrés Cholula, en Puebla, son otros de los territorios que han presentado la misma amenaza.
Hay impactos positivos, claro, una relevante actividad económica es sin duda el más obvio, y todo lo que de ahí se pueda derivar… más empleos o desarrollo del patrimonio cultural para atraer más turismo. Sin embargo, la identidad y el sentido de lugar de una comunidad se construye a partir de los elementos materiales y simbólicos presentes en el imaginario social local, y estos, no necesariamente coinciden con los propósitos de política pública.
Con esto en mente, los xochimilcas piden un programa que incluya un estudio del impacto que podría tener en los pueblos la turistificación.
Modificar las dinámicas identitarias, económicas y urbanas de un lugar, así como el desplazamiento de la población originaria, lo que llamamos gentrificación, son las amenazas latentes en las que se encuentra una de las zonas más nutritivas de nuestra capital y de nuestro país. Por ello, es de vital importancia poder establecer las directrices necesarias para poder conservar el patrimonio de Xochimilco y del resto de territorios, que permiten hacer de nuestro país, un manantial inagotable de expresiones culturales, biodiversas y gastronómicamente sorprendentes. Somos un pueblo digno de ver, pero también de cuidar, nuestras tierras son prolíficas, y las debemos hacer valer.