El Librero

Braille, un lenguaje universal

Frida RV
Gaceta Nº 250 - 2 de enero, 2026


La lectura es un principio de libertad, y la información, un acto político. La quema de la biblioteca de Alejandría, la Opernplatz (hoy Bebelplatz) en Berlín durante la Alemania Nazi, o, en tierras más cercanas, el obispo español Diego de Landa que prendió fuego a múltiples códices de la cultura maya que se encontraban en Yucatán. Todos actos políticos que han actuado como mecanismos de guerra, exterminadores de vida, de cultura o de registros escritos de un pueblo enemigo.

Sin embargo, aunque nuestra historia no arda a 451°F, la omisión es también un acto político igual o más violento que los ya citados. Y por eso, en este Librero, traemos tres figuras que demuestran que no todas las batallas se pelean con armas ni quedan marcadas por fechas, y que, en nuestros días, la conciencia del otro es el acto más revolucionario que puede haber. Ellos fueron clave para la invención del sistema del alfabeto braille, aunque solo uno de ellos se llevó la medalla con nombre a casa, o en este caso, apellido.


Haüy, el pionero


Casi 50 años de la invención del braille, en la región de Oise en la Alta Francia, nació Valentin Haüy, la primera figura de esta historia que se centró en promover la integración sociocultural de las personas con discapacidad visual. Durante su juventud estudió en la Sorbona de París, en donde aprendió latín, griego, hebreo, alemán, español, italiano y portugués, volviéndose uno de los traductores más importantes de la época y, eventualmente, en intérprete del rey.

Sin embargo, en 1771, mientras caminaba por la plaza, descubrió que diez personas con ceguera eran deliberadamente ridiculizadas con prendas y obligadas a estar frente a un atril con una partitura interpretando una pieza musical que, claramente, no podían leer.

Once años antes, Abbe de l’Épée había creado una escuela especializada para sordomudos, por lo que, al ver tan atroz escena, Haüy decidió fundar un espacio para personas con discapacidad visual. Primero, se encargó de François Lesueur, un mendigo de 17 años que, por todas las casualidades de la vida, había descubierto que podía reconocer inscripciones al tacto en un folleto impreso. Así, Valentin tuvo la idea de producir mapas geográficos que tuvieran relieve.

Fue hacia 1785 que ya tenía listo su método de enseñanza, capaz de instruir lectura, deletreo y aritmética, lo que daría como resultado, el nacimiento del Institution Royale des Jeunes Aveugles (Real Instituto de Jóvenes Ciegos).


Barbier, el intuitivo


Nicolas-Marie-Charles Barbier de la Serre nació en Valenciennes, al norte de la Alta Francia y fue este exsoldado, capitán de artillería, quien integró el sistema de puntos en relieve para la escritura, que, posteriormente, retomaría Louis Braille para su alfabeto.

El sistema de Barbier era bastante ingenioso, comenzó creando una forma de taquigrafía llamada Expeditive, misma que publicó en 1809 y que usaban los militares para transmitir las órdenes por la noche y no desvelar de este modo su posición al enemigo. Conocida como "escritura nocturna", la técnica consistía en utilizar letras impresas sin tinta o pluma, sino con un cuchillo para hacer un relieve utilizando puntos y guiones; este, no solo era un formato alfabético, sino también fonético. Posteriormente, en 1815 publicó el libro que proponía una docena de formas de escritura distintas, y lo hizo llegar con instrucciones y herramientas al Real Instituto de Jóvenes Ciegos, donde Louis Braille era alumno y residente.

El sistema se presentaba relativamente amigable para los estudiantes, pues consistía en puntos en relieve sobre una cuadrícula de dos columnas, de seis puntos cada una, y, aunque no admitía mayúsculas, signos de puntuación ni símbolos matemáticos, era un sistema útil para tomar notas.


Braille, el inventor


Nacido en Coupvray, Francia, Louis Braille tenía 12 años cuando tuvo el primer contacto con el sistema de Barbier. Tras un accidente en el taller de talabartería de su padre, Braille perdió un ojo, y dos años después, a causa de una infección por el órgano dañado, perdió también el otro. Todo, con solo cinco años.

Tras la ayuda de un noble de su localidad, el joven Braille entonces empezó a buscar la manera de perfeccionar ese sistema de puntos para crear un verdadero código alfabético en donde las personas ciegas tuvieran la oportunidad de leer utilizando los dedos y que, a su vez, fuera igual de rápido y fácil que la lectura para personas sin discapacidades.

Lo primero que hizo Braille fue reducir el número de puntos; en lugar de seis por cada fila, serían tres, logrando reducir el número de puntos totales, de doce a seis, de manera que todos cupieran debajo de un dedo. Esto, también permitiría leer más fácil y rápido, creando las bases para el alfabeto completo, incluidos signos numéricos y de puntuación. Después, fue gracias a su amor por la música que adaptó su mismo sistema a las partituras, lo que eventualmente se llamaría música braille.

Hoy, cada 4 de enero se conmemora la invención del alfabeto braille en honor a Louis, sin embargo, fue el trabajo de tres mentes inquietas, inconformes con lo establecido, quienes lograron un lenguaje universal, capaz de unir mundos, abrir puertas, tender puentes que nunca debieron separarse. Así que revolucionemos, observemos aquello que incomoda y pongamos a disposición de otros aquello que sabemos hacer.


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