Muchas han sido las piedras que día a día construyen el camino hacia la equidad. Una de ellas, fundamental para sostener al resto, fue aquella colocada por Hermila Galindo. Poeta, activista, salvadora.
Corría la segunda década del siglo pasado. El mundo estaba inmerso en cambios, guerras y revoluciones -no tan distinto al que nos marca ahora-, cuando México atravesaba su gran conflicto armado, y mientras los hombres soltaban balas a destajo en los campos de batalla a lo largo y ancho del país, las mujeres mexicanas salían a las calles a exclamar por sus derechos y liberarse de las cadenas que siglos de machismo naturalizado laceraban sus días.
Parte fundamental en el proceso de emancipación de la mujer fue exigir su participación en la vida pública de su país, por supuesto, el derecho a votar era un escalón esencial para lograrlo.
Eran las tres de la tarde del 13 de enero de 1916 cuando el Teatro Peón Contreras, en Mérida, albergaba a cientos de mujeres que, pronto, entrarían en un acalorado debate. Todas buscaban su libertad, aunque pronto, descubrirían que, para cada una, eso significaba cosas distintas.
Nuestro país nunca había visto a tantas mujeres reunidas para hablar de feminismo, hasta ese Primer Congreso Feminista de Yucatán. Unas piezas musicales y fragmentos oratorios dieron paso a César González, quien llevaba la consigna de leer una ponencia de la feminista Hermila Galindo. Ella no asistió a la reunión.
Al término de la lectura, titulada La mujer en el porvenir, se escucharon gritos y protestas. Mujeres indignadas tachaban el trabajo de inmoral, otras, gritaban en muestra de apoyo, pero ¿Quién era esta feminista a quien sus propias compañeras de ideas atacaban?, ¿Qué decía la ponencia que atrajo la impugnación?
Algunas historiadoras definen a Hermila Galindo como la feminista más radical del país entre 1915 y 1920, secretaria particular de Carranza, taquigrafista, mecanógrafa y telegrafista y con una amplia trayectoria como secretaria de altos mandos en la política, Galindo tuvo la suerte, para los fines que tendría su vida, de crecer sin figuras masculinas a su alrededor que la enviciaran. Sin un padre o hermanos de quienes escuchara que su deber eran las labores domésticas, Hermila fue tan libre como su época lo permitía.
De reyista a maderista, Hermila Galindo fue construyendo de a poco su quehacer cotidiano en la política nacional, hasta 1914, cuando, ahora afiliada al constitucionalismo, comenzaron a pasar por sus manos textos clásicos de autores que hablaban sobre el feminismo, movimiento que estaba cobrando cada vez más fuerza y relevancia en países de Europa. Las ya constituidas biblias feministas La mujer en el presente, en el pasado y en el porvenir, de Bebel, así como La esclavitud femenina de Mil, fueron el antecedente a la incorporación de Galindo al club feminista Antonia de Nava, conformado por mujeres del movimiento maderista.
Con gran facilidad para la oratoria, Hermila fue seleccionada por el club para dar la salutación al Primer Jefe Constitucionalista, quien entraba triunfante a la Ciudad de México el 20 de agosto del mismo año; este mismo discurso, así como su trayectoria, fueron factores notorios para que Carranza la invitara a colaborar como su secretaria particular. Un mes después, probablemente bajo la influencia de Galindo, Venustiano Carranza ejecutó uno de los primeros decretos que se pensaba benéfico para las mujeres, el divorcio.
Juntos, Carranza y Galindo, comenzaron una importante gira de conferencias a lo largo del país, en donde Hermila subía a las tribunas para defender la posición de las mujeres y pronto, difundió su arenga La mujer fuerte. A su paso, fundaciones y sociedades comenzaron a surgir, y en Mérida, el 1 de julio de 1915, César González, el mismo que, al año siguiente, leería la ponencia que tanto revuelo ocasionó durante el Primer Congreso Feminista, preparó algunos fragmentos sobre el discurso de Hermila, mismo que dan una amplia idea de lo que este comulgaba:
La mujer,.. obra final, y por lo tanto, sublime, del supremo arquitecto [.,.]
la más bella, más sensible, más inteligente y más pura del género humano,
es el crimen del hombre y su víctima desde la salida del Edén y lleva sobre
sus carnes las huellas de 6 mil años de injusticias... ¿y por qué? [...]
Porque las religiones torcidas, frutos de la perversidad y la soberbia, y fuentes
de explotación a los incautos le aconsejaron siempre la inercia en nombre de
un Dios fantástico y malévolo.
Para el 16 de septiembre de ese mismo año, se publicó la primera edición de La Mujer Moderna, cuya edición, encabezada por Galindo, señalaba en su introducción:
[…] levantando el espíritu femenino a la altura de su deber y su derecho, para que no permanezca por más tiempo impacible [sic] ante la solución de los más trascendentales problemas sociales y políticos, que afectan tanto al hombre como a la mujer, que es su compañero e igual.
Para el 25 de noviembre de 1915, Hermila concluyó su ponencia La mujer en el porvenir y el 17 de noviembre de dicho año, diversas mujeres se dieron cita para nombrar la Junta Directiva, que convocaba a todas las mujeres, con al menos conocimientos de educación primaria, a participar en las sesiones. La razón por la que Hermila no asistió al Congreso se desconoce, algunos sugieren que pudo haber sido porque esperaba una actitud de rechazo a sus ideas. Y, de ser así, no estaba equivocada.
La verdad debe decirse aunque sea origen de escándalo.
Con esta cita, Hermila Galindo recordaba las palabras del Papa Gregorio I para dar pie a su ponencia, misma que sugería que hombres y mujeres tuvieran acceso al mismo nivel de educación; que las mujeres tomaran decisiones sobre las políticas y regímenes de su país; y, aún más imperante, que fueran acreedoras al acceso a la educación sexual, con el fin de que tuvieran derecho a saber y decidir sobre lo que pasaba en sus cuerpos. Esta última petición fue calificada de inmoral.
No hubo un consenso, porque cambios tan medulares no ocurren de la noche a la mañana, pero sí se logró un avance en la aceptación de la educación cívica y la participación política femenina en cargos municipales, considerados aptos para las mujeres dado que no requerían una vigorosa condición física.
Los años y las ponencias siguieron sucediendo, y para 1919, su revista era altamente comercializada y distribuida. En este mismo año, Hermila Galindo se consagró al constitucionalismo con dos libros sobre el tema. Uno, titulado La doctrina Carranza y el acercamiento indolatino, en donde buscaba plantear la tesis que encarnaban problemas relacionados con el funcionamiento armónico de las sociedades, proponiendo un nuevo edificio ideológico para sus compatriotas.
Hace ya bastante tiempo que—permítaseme la frase—contra la voluntad de los dioses, he venido llevando a cabo una tarea paciente, minuciosa, casi obscura en apariencia, pero de cuyos profundos resultados no puedo quejarme, encaminada a trazar nuevas orientaciones a mi pueblo y a mi raza.
Que las mujeres fueran capaces de adquirir propiedades a su nombre sin la necesidad o autorización de un hombre, y tiempos como los que vivimos hoy, en donde la educación sexual se imparte desde la primaria, es gracias a estas mujeres que, escandalizadas o identificadas, acudieron al llamado de la libertad, de la equidad, del porvenir.
Hoy, son 110 años del Primer Congreso Feminista de Yucatán, uno de los muchos actos tonales que, poco a poco, dieron fin a un mundo que hasta hace unas décadas, parecía monocromático, una voz tensa que callaba las discordancias de manera sistemática y que hoy, da paso a una mirada que gira hacia la otredad y que recuerda que no hemos nacido ni crecido por separado, somos muchos de uno mismo, y en esa unión, nos erigimos mutuamente.