Madre: Mujer con cualidades atribuidas a una madre, especialmente su carácter protector y afectivo.
Real Academia Española
¿Realmente las madres tienen un sexto sentido? La maternidad suele pensarse como un impulso natural, casi automático, sin detenerse a cuestionar que también es una construcción que la sociedad ha moldeado por siglos. No solo está en el acto biológico de gestar y parir, sino en el vínculo que se construye en la crianza, desde el primer contacto con ese cuerpo pequeño que busca protección y alimento. Esta relación debe nacer con el deseo consciente de ejercer este cuidado, por ello, la decisión de maternar debe ser propia y libre de presión.
Porque incluso antes de ser madre, ya existe un ruido que acompaña: una voz constante que pregunta, que insiste, que marca tiempos en discursos como ¿Para cuándo el hijo?, Se te irá el tren, haciendo que la maternidad, más que una decisión, parezca un destino.
Como dice Marta Lamas, doctora y maestra en Antropología por la UNAM y licenciada en Etnología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, en su texto Maternidad voluntaria y aborto:
Las mujeres desean ser madres por varias razones, muchas de ellas positivas. Pero también muchas mujeres son madres porque nacen en una sociedad que tiene un discurso mistificado sobre su papel, y ellas mismas, en la forma de pensarse, en la construcción de su propia imagen, de su autoconcepción, tienen incorporadas esas definiciones culturales: su conciencia está habitada por el discurso social que plantea la maternidad como el destino «natural»— y por lo tanto, inevitable— de las mujeres.
Ejercer este rol implica asumir un papel del que muchas veces no se puede desprender. Una vez que se da a luz, la identidad materna se impone: a veces como prioridad absoluta y, en otras, como el único rol socialmente validado.
Sin embargo, la maternidad también está atravesada por emociones que pocas veces se nombran: el cansancio, el hartazgo, las ganas de tomar un respiro. Porque se enseña que una madre debe amar de manera incondicional, incluso cuando eso signifique ir en contra de su propio bienestar, como si amar implicara resistir todo. Se olvida que la maternidad no solo es una etapa con un bebé, sino una relación desempeñada durante toda la vida.
En palabras de la psicóloga Nerea Moreno: La creencia de que una mujer madre debe ser siempre feliz, amorosa y dispuesta a sacrificarlo todo por su familia está muy extendida culturalmente. Sin embargo, es poco realista y no tiene en cuenta la individualidad de la mujer más allá de su rol como madre.
Parece que no basta con asumir las responsabilidades del hogar y el cuidado de una persona; además, muchas mujeres deben enfrentarse al mundo laboral. Un entorno que, lejos de facilitar esta etapa, mantiene una lucha constante marcada por sueldos injustos y condiciones precarias que dificultan alcanzar una estabilidad económica y que tampoco se adaptan por completo a las necesidades de una mujer con hijos.
En México, existe una gran brecha salarial entre hombres y mujeres, pero esta se agranda aún más entre quienes no son mamás y quienes sí lo son. Una vez que una mujer se embaraza teniendo ya un empleo, la penalización comienza desde ese momento. Según el estudio El efecto de la maternidad en el empleo y los salarios en México, después de dar a luz, la empleabilidad de las mujeres baja, mientras que la de los hombres aumenta.
Y aunque el 22 de agosto de 2016 se firmó el Pronunciamiento de los Sectores Obrero y Patronal para el Fomento de la Protección de la Maternidad y la Promoción de la Lactancia Materna en los Centros de Trabajo, que promueve el espacio y el tiempo de lactancia durante la jornada laboral, esta medida, aunque necesaria, no termina de resolver las condiciones dentro de los espacios de trabajo, donde la maternidad sigue viéndose más como una limitante que como una realidad que requiere apoyo.
Sin duda, las mommy bloggers se han apoderado de una parte importante de internet. Basta con reproducir un video para encontrarse con una maternidad aparentemente perfecta: hogares ordenados, hijos tranquilos y madres que parecen disfrutar cada instante. No se trata de cuestionar la veracidad de ese contenido, sino que solo se muestra una parte del rol materno: donde lo difícil queda fuera de la cámara.
Aunque podría parecer inofensivo, para muchas mujeres del otro lado de la pantalla, esto deja de ser únicamente entretenimiento y se convierte en una constante ola de comparaciones. En ese espejo digital no siempre logran reconocerse porque sus experiencias son distintas a esa imagen idealizada. Una vez más, se refuerza la idea de que la maternidad debe ser siempre hermosa, gratificante, ordenada y plena; cuando solo se visibiliza esa versión, los estigmas continúan, tal como sugiere un estudio realizado por estudiantes de la Universidad Simón Bolívar:
Es importante reconocer que la maternidad es una experiencia única para cada mujer y que no todas las vivencias se ajustan a este idealizado concepto. Es fundamental promover una visión más realista y diversa de la maternidad, que reconozca las dificultades y los desafíos que conlleva, así como también los momentos de felicidad y satisfacción.
¿Qué pasa con la identidad de las mujeres cuando la maternidad deja de verse como una obligación? Durante mucho tiempo se creyó que una mujer nace para concebir, como si su realización personal dependiera de ello. Sin embargo, hoy muchas mujeres toman decisiones sobre su propio destino, y entre ellas está el querer ser madre o no.
Según los índices del Consejo Nacional de Población (CONAPO) de la Secretaría de Gobernación: Estimaciones realizadas con encuestas demográficas revelaron que en 1970 la Tasa Global de Fecundidad (TGF) era de 6.72 hijos por mujer, indicador que disminuyó para 1990 a 3.35 hijos y para 2012 a 2.21 hijos. Estas cifras reflejan cambios sociales y una transformación en la manera en que las mujeres construyen sus proyectos de vida.
Decidir no tener hijos no le quita valor a la identidad de una mujer; al contrario, refleja la libertad de construir una vida desde el deseo propio y no desde la imposición social.
Cuestionar no es una crítica al hecho de maternar, es insistir en que debería de ser una decisión propia, consciente y libre de presiones. Es devolverle humanidad al rol, dejar de verlo como algo intocable o superior, porque esa idealización -aunque parezca positiva-, también pesa.
La maternidad no solo es una experiencia biológica o emocional, sino un constructo social que define cómo debe ser una madre. Porque cuando se deja de ver a la progenitora como persona, se empieza a exigirle como símbolo.