Quizá la experiencia sensorial cotidiana en la que menos se profundiza como una forma de consumir cultura es la gustativa, sin embargo, es probablemente aquella que vivimos con mayor regularidad. Bien podemos pasar un día entero sin escuchar una pieza musical que nos agrada, ver una película que nos guste, incluso sin sentir el roce del ser amado; pero es absolutamente imposible terminar el día sin un alimento que nos alegre la existencia, ya sea por su textura, atractivo olor o directamente por su sabor que despierta nuestro ánimo por su complejidad, su fraterna sencillez o su explosividad.
El casi invisible pedestal en el que la humanidad ha colocado al placer gastronómico como el gusto universal por excelencia (con los matices de las preferencias individuales claro), se levanta indiscutible en nuestra especie con su longeva presencia en rituales funerarios, grandes banquetes, sinnúmero de fiestas y hasta en la última cena de los condenados. Así queda claro el peso de lo gustativo en nuestras vidas. Incluso tiene presencia más allá de este plano, ya que, si bien se asocia a la música, los objetos y hasta los lugares con el recuerdo de quienes ya no están, es sin duda a través de la comida cuando la memoria aparece vívida, y quien se fue reaparece.
Por ello, como una especie de cápsula del tiempo que despide a esta sección, y como las penas con pan son menos, enlistamos en la edición final de Cultura para el paladar la manera en la que la gastronomía funciona como el epílogo perfecto de la vida, y la forma en que opera como memoria eterna de instantes felices que se nos escapan tras su final.
Y es que, como humanidad, tenemos la noción de que el toque final debe ser dulce. Como una nota feliz que otorgue un cierre agradable que no invoque a la tristeza porque ese agradable momento terminó, sino como el cierre perfecto de un instante de placer. Una siempre feliz despedida.
Este arroz ya se coció, y para no echarle más crema a nuestros tacos ni ahogarnos en un vaso de agua, solo me resta decirles: El que siembra su maíz que se coma su pinole. Muchas gracias a todxs a nombre de Gaceta Veintidós.