Por: Rebeca Avila

Ella Fitzgerald, la primera y gran dama del jazz

La historia de Ella Fitzgerald es la misma que la de otras estrellas del jazz, como Louis Armstrong, Nina Simone o John Coltrain: una infancia difícil, carencias económicas, un hogar fragmentado por circunstancias de la vida, etcétera, además del eterno conflicto de nacer negro en una sociedad de blancos.

La historia de su vida antes de convertirse en la reina del jazz es bien conocida: nacida en Virginia el 25 de abril de 1917, un padre ausente, huérfana de madre y siendo protegida por una de sus tías, vivió durante su niñez y adolescencia en el Harlem rodeada de penurias. Chica rebelde pero que, escuchando los éxitos del propio Armstrong -con quien después haría tres álbumes a dueto- y de las Boswell Sisters, soñaba con cantar. De pronto, con tan sólo 16 años ingresa a un concurso radiofónico, el cual por supuesto gana y de ahí, aunque tardó un tiempo en salir de las presentaciones para novatos, comienza a cantar en el famoso Savoy Ballroom, donde demostró que aunque no tenía la sensualidad, ni el estilo o destreza sobre el escenario que otras intérpretes de la época, poseía algo único en su forma de cantar: una perfecta dicción y entonación firme, un registro vocal de tres octavas, quizá nada impresionante junto al registro de Sara Vaughan, y una cualidad que desarrolló con el tiempo y que le otorgó el título de La primera dama del jazz: el scat, esa improvisación vocal repleta de sílabas y sonidos casi onomatopéyicos, que sólo tuvo su igual en su pionero Louis Armstrong.

A 26 años de su partida, un 15 de junio de 1996, en este Pantalla sonora ofrecemos una breve – y arbitraria- selección de aquellas canciones donde Ella hace uso de su voz como un instrumento más ejecutando como nadie el scat.


Cotton Tail

Para Duke Ellington, el compositor de Cotton Tail, esta pieza instrumental supuso un parteaguas en su carrera y para el género mismo. Siempre renuente al negocio del swing —y partidario del jazz como propuesta honesta— su composición Cotton Tail significó una inspiración para el bebop y para el jazz más moderno por la oportunidad que daba a la improvisación. La pieza quedó completada y dio un giro apabullante cuando se añadió la participación vocal de Ella.




All Of Me

En los años 60, Fitzgerald demostraba total dominio del swing y la comprensión del scat a tal nivel que creó un patrón fonético para ejecutar la improvisación, influenciada por Dizzy Gillespie y, por supuesto, por Louis Armstrong. Con All Of Me, muestra la fuerte presencia que tendrá dentro del bebop.




Mack the Knife

Mack the Knife está incluida en el exitoso álbum Ella in Berlín; además de darle un Grammy en los años 60, esta pieza donde hace uso del scat tiene una improvisación en el estricto y amplio sentido de la palabra, pues cuenta la anécdota que Ella tuvo que ingeniárselas cuando en pleno escenario olvidó la letra de la canción que hizo famosa Bobby Darin y que ha sido reinterpretada hasta el cansancio, incluyendo la curiosa versión de Pedro Navajas de Rubén Blades.




Honeysuckle Rose

Ella And Basie! fue el álbum colaborativo entre la cantante y el director de orquesta Count Basie. Como primer tema está Honeysuckle Rose, pieza clásica compuesta por Thomas Waller y que Quincy Jones arregló especialmente para este dueto.




One Note Samba

Para cerrar este conteo, proponemos One Note Samba -letra de Newton Mendonça y música de Antonio Jobim, el máximo referente del bossa nova- donde Lady jazz hace gala de la improvisación en el género carioca.




De su vida privada, poco se sabe realmente, pues Ella fue siempre fue muy hermética al respecto. Aunque sus orígenes pobres nunca fueron un secreto —y se sabe que no la pasó nada bien antes de ingresar a la esfera musical— nunca fue el sufrimiento un motivo para cantar, ni mucho menos una herramienta, por ello nunca pudo lucirse ejecutando blues. Pocas veces Ella le cantó a las desdichas y a las penurias, por el contrario, experimentó el gozo en cada una de sus canciones, ofreció siempre un momento de deleite en cada presentación que protagonizó, llevó el jazz al siguiente nivel volviéndolo un género de masas con giras mundiales y teatros sold out, repletos de gente que guardaba total silencio para oírla cantar, a excepción de los vigorosos aplausos, y aunque el scat fue uno de sus sellos personales, la dulzura de la que impregnó La Vie en Rose, Summertime o The Nearness of You quedará por siempre guardada en nuestras memorias.