Por: Arody Rangel

Estridentismo, avant garde mexicana

“[…] somos ya estridentistas y apedrearemos las casas llenas de muebles viejos de silencio, donde el polvo se come los pasos de la luz; las moscas no pondrán su ortografía sobre nuestros artículos, porque después de ser leídos, servirán para envolver la azúcar y nosotros, erizados de minúsculos rayos, iremos dando toques a los enfermos de indolencia.”

Actual No. 1. Hoja de vanguardia. Comprimido estridentista, Manuel Maples Arce

Vanguardismo, avant garde: situarse en el punto más avanzado, en la primera posición, adelantado a todo lo demás. Así se concibieron los ismos que marcaron las rupturas en el primer tercio del siglo pasado respecto a lo viejo, lo anterior, lo caduco en todos los ámbitos de la cultura, si bien, preponderantemente en el arte. Prorrumpieron, cual estallidos de granadas, a través de sus manifiestos y panfletos en los que pidieron la cabeza de las expresiones culturales y artísticas estancadas en valores como la objetividad, la representación y la ideal belleza, y enarbolaron la subjetividad y la libertad del arte, así como la belleza del siglo naciente marcada por la industrialización, la revolución tecnológica del radio y la electricidad, la modernización de las urbes y las nuevas prótesis del cuerpo: las máquinas personales, como el automóvil.

Ninguna de las vanguardias fue concebida para durar, ellas se trataron más bien de una explosión, un ataque, y en el momento de replegarse dejaron tras sí un paisaje bien diferente: así el expresionismo, el cubismo o el futurismo. En México, el gesto, la irrupción vanguardista tuvo lugar la mañana del último día de diciembre del año 1921: pegada en los muros de la Ciudad de México apareció una hoja volante mandada a hacer por un joven veracruzano, Manuel Maples Arce, quien a través de esta solitaria tarea, sin precedentes en el país, pretendía un cambio radical en la literatura mexicana, estancada iteración del modernismo, atacándola a quemarropa y propiciando el escándalo, por el atrevimiento y por denunciar la vista gorda del mundo de las letras y las artes hacia los cambios históricos y la efervescencia social de aquella encrucijada de los tiempos: segunda revolución tecnológica, Primera Guerra Mundial y la Revolución en México.

La estridencia del Estridentismo cayó en el olvido o figura apenas de forma marginal en la historia oficial de la cultura de nuestro país. La razón de esto se encuentra en la poco favorable crítica que ha recibido el movimiento, al que se señala como una mala copia del futurismo, pero también ‒o quizás, ante todo‒ por la disputa que sostuvieron los estridentistas con los contemporáneos, jóvenes intelectuales y artistas al igual que ellos, pero que gozaban del amparo y mecenazgo de la elite política y cultural del momento. Así, los nombres y figuras de Maples Arce, Vela o List Arzubide son opacados por las prístinas presencias de Pellicer, Torres Bodet, Gorostiza o Villaurrutia.

A propósito del centenario de aquel estridente llamado que hiciera el poeta Maples Arce en 1921 y del aniversario 121 de su nacimiento (1 de mayo de 1900), dedicamos este Con-Ciencia al movimiento que inició, el cual, a pesar de los oficialismos y las desavenencias, fue la primera vanguardia en América Latina y sus influjos, si bien son apenas perceptibles en el arte y la cultura nacionales, tuvieron réplica en otros lugares del mundo.


El manifiesto

Es una regla: las vanguardias irrumpen en la escena a través de un manifiesto de sus idearios estéticos, artísticos y culturales, y se dice que en ese mismo ímpetu se sofocan, de modo que la principal obra de cada vanguardia es irónicamente su grito de guerra. Las vanguardias son eso, una cosa radicalmente actual, presente. El joven Manuel Maples Arce estaba muy bien enterado de los movimientos artísticos radicales y dinámicos que estallaban en diversas partes de la Europa fracturada por la guerra; esos llamados a abjurar del pasado y adquirir la velocidad y dinamismo de la innovación hicieron sentido en el joven poeta, quien siguiendo su pista escribió en 1921 la famosa Actual No. 1. Hoja de vanguardia. Comprimido estridentista, que se considera el manifiesto del Estridentismo.

Aquellos estridentes gritos arremetían contra héroes nacionales, santos patronos, figuras literarias, artistas consagrados y, en fin, contra todo objeto de la idolatría del altar mexicano; al tiempo que incitaba al público y a los artistas a tomar las calles, torcerle el cuello al doctor González Martínez ‒uno de los llamados siete mayores dioses de la lírica mexicana en palabras de Ureña‒, mandar a Chopin a la silla eléctrica o matar al cura Hidalgo… Sin embargo, el escándalo se hizo esperar hasta una segunda detonación de Maples Arce, quien tuvo que escribir una crítica a su manifiesto bajo el pseudónimo de Elguero publicada en el periódico Excelsior: esta presencia en los medios desató por fin el interés del público y la alerta en el mundo académico y de la crítica.


La obra

Tras la aparición de Actual, Maples Arce publicó la primera obra del movimiento ‒del que entonces era el único integrante‒ y que es considerada la primera obra de vanguardia de México y Latinoamérica, el poemario Andamios interiores. Poemas radiográficos. Tras su aparición el 14 de julio de 1922, Maples Arce fue acogido por las vanguardias internacionales en Francia e Italia, y reconocido como influencia en el modernismo brasileño o aplaudido por quien se convertiría en una luminaria de las letras en el continente, Jorge Luis Borges. En Andamios interiores Maples Arce llevó a la práctica los principios enlistados en el manifiesto, se trata de la concreción de lo que el poeta entendía por literatura actualista, una forma de escribir que rompía con los moldes de la tradición y buscaba lo que el autor más tarde identificó como abstraccionismo.

Al llamado del estridentista acudieron los jóvenes Arqueles Vela, de origen guatemalteco, y Germán List Arzubide, escritor poblano. Su adición al movimiento no sólo confirió a éste de una naturaleza propiamente tal, sino que lo dotó de la riqueza literaria que apuntaba a producir. Arqueles Vela trabajaba como jefe de redacción de El Universal ilustrado, periódico que se convirtió en la trinchera desde donde se promocionó el movimiento y también se defendió contra los ataques; ya en las filas estridentistas, Vela publicó La señorita etcétera, Un crimen provisional y El Café de Nadie, prosas poéticas inclasificables como han de ser las revoluciones de vanguardia. En tanto que List Arzubide produjo el poemario Esquina y la epopeya de aquella aventura vanguardista, El movimiento estridentista, crónica ficcional y poética del movimiento, cuya publicación en 1927 coincide con la disolución de sus miembros.


El Café de Nadie

Cuando aún andaba solo, Maples Arce se topó con un café en la avenida Jalisco (ahora Álvaro Obregón) de nombre Europa; encantado por la soledad del lugar que se le antojaba la idónea para entregarse a trabajar, entró, y sin duda resultó perfecto: ahí se podía estar sin ser percibido siquiera por el mesero, se podía ser realmente nadie. Aquel lugar adoptó el pseudónimo de El Café de Nadie y fue el punto de encuentro de quienes formaron parte del movimiento estridentista.

Además de los mencionados Vela y List, el grupo estaba compuesto por otros artistas, quienes tempranamente tomarían su propio rumbo; se trataba de un grupo muy heterodoxo o como se dice ahora, multidisciplinario: entre los pintores se encontraban Diego Rivera, Fermín Revueltas y Jean Charlot; el escultor Germán Cueto; la fotógrafa italiana Tina Modotti, así como Edward Weston ‒cabe destacar que los estridentistas fueron también los primeros en reconocer a la fotografía como un arte‒; el músico Silvestre Revueltas, y los poetas Luis Quintanilla, Miguel Aguillón Guzmán y el doctor Salvador Gallardo. Y es que, si bien, las manifestaciones más identitarias del movimiento fueron las literarias, el estridentismo buscaba conmover la vida cultural y artística del país.


Estridentópolis

En 1924, inspirado por una manifestación obrera y por la ciudad ideal que proyectara Germán Cueto, Estridentópolis, Maples Arce escribió y publicó Urbe. Superpoema bolchevique en cinco cantos. Un año después, tras recibir su título de abogado, se dirigió a Xalapa, Veracruz, donde se convirtió en secretario de gobierno del general Heriberto Jara; bajo el amparo del gobierno de la entidad, Maples Arce convocó a sus estridentistas compañeros para realizar su ideal cultural y artístico en la capital veracruzana, la cual fue transfigurada, al menos poéticamente, en Estridentópolis. Allí, los escritores, seguidos por el pintor Ramón Alva de la Canal y el grabador Leopoldo Méndez, entre otros artistas, iniciaron su empresa cultural.

Fruto de esta apuesta vio la luz Horizonte, la publicación periódica más famosa del estridentismo, una revista de corte social, y bajo el sello editorial del movimiento, además de las obras de sus integrantes, se publicaron novelas como Cartucho de Nellie Campobello o Los de debajo de Mariano Azuela ‒las primeras manifestaciones de la novela de la Revolución mexicana‒. Sin embargo, el sueño de la ciudad ideal y del movimiento de ruptura llegó a su final, luego de poco más de seis años de operaciones y guerrilla, en 1927 con la destitución del general Jara del gobierno de Veracruz, hecho que diseminó a los estridentistas.

Una de las críticas que se ha lanzado sobre el movimiento fue su renuncia a la permanencia, pero acorde con los ideales vanguardistas, el estridentismo buscó más bien cimbrar el terreno y buscar con lentes actualistas los caminos de la irrupción, la innovación y la experimentación. Además del gesto beligerante y el ardor polemista, los estridentistas dieron lugar a una poética original: un abstraccionismo en términos formales que se distanció del futurismo al reivindicar la figura de la mujer, cuyo encuentro asegura la plenitud y permite la reconciliación con la humanidad; además, para ellos la máquina no es ya representación de la fuerza y la virilidad, sino que se convierte en el punto donde el hombre se pierde y se sabe solo; en tanto que la ciudad es el avance, sí, pero hacia un punto desconocido. Hechos los hallazgos y recogidos los frutos, no queda más que dejar el campo de batalla, la cuestión de si algo de todo aquello es o no aprovechable en realidad no importa.