Por: Mariana Casasola

De regreso a The Beatles

Han pasado ya 50 años desde los polémicos hechos que desembocaron en la disolución del grupo más famoso e influyente de su época. The Beatles había pasado una década entera imponiendo tendencias en la música, redefiniendo la industria discográfica y cosechando fanáticos por millones. Para 1970, cuando por fin decidieron tomar caminos por separado, ya habían creado varias de las canciones más icónicas de la historia moderna. Sin embargo, aún con todo ese legado, las opiniones sobre el significado de su influencia han variado con cada generación que siguió, opiniones que van desde "¡The Beatles siguen siendo la mejor banda de la historia!" a "Los Beatles son terribles, aburridos, no me importan".

Lo que parecen olvidar los que hoy menosprecian o consideran obsoleto al cuarteto de Liverpool es que detrás del éxito de la mayoría de las bandas más populares de rock, pop y muchos géneros de moda, se encuentra la innegable influencia de John, Paul, George y Ringo. Quizá lo que se ha perdido de vista en esa brecha generacional es que gracias a cómo The Beatles transformó radicalmente la música en los 60 se inspiraron muchos otros artistas que van desde The Rolling Stones, The Beach Boys, Pink Floyd, Queen y casi cualquier acto de Motown que se escuchó, hasta The Cure, The Police, Nirvana, The Velvet Underground o los más cercanos The Strokes, Franz Ferdinand y Arctic Monkeys. O para gustos más pesados, ni el metal se escapa, pues los Beatles fueron la inspiración detrás de Led Zeppelin, padrinos del género. Esto por mencionar tan sólo ejemplos de música en inglés.

Tengamos en cuenta también que gracias a ellos nacieron o se popularizaron muchas de las formas en las que actualmente se consume la música: desde los videos musicales, los masivos conciertos en estadios, los álbumes conceptuales y su estilización. Durante la década que trabajaron juntos nunca descansaron en sus logros, extendiendo constantemente los límites de la música pop y rock, y demostrando una clara progresión creativa, casi graficable, que comienza con Please Please Me, el primer álbum de The Beatles y termina con el último, Let It Be. A ese legado prácticamente inconmensurable quisimos dedicar este Pantalla sonora tan solo para recordar y seguir celebrando con quien nos lee, algunas de las enormes revoluciones que protagonizaron esos cuatro chicos de Liverpool que con sus guitarras, sus letras y su música cambiaron para siempre al mundo.


De los Beatles a las boy band

Desde Backstreet boys hasta los surcoreanos de moda BTS —y si tropicalizamos los ejemplos desde Menudo hasta Magneto—, todas estas agrupaciones juveniles que suelen llamarse boy bands tienen una conexión con The Beatles, porque a final de cuentas ellos son la plantilla detrás de cada una. Y aunque muchos fanáticos acérrimos del cuarteto de Liverpool se escandalicen con semejantes comparaciones, nadie puede negar que al principio de la carrera Beatle los cuatro se vestían igual, se peinaban de la misma manera, hacían muchos covers y tanto sus presentaciones en vivo como su música estaban dirigidas a ser consumidas por las multitudes de jovencitas que les seguían hasta el fanatismo. Estadios repletos (ningún artista había logrado antes abarrotar sitios así), discos agotados, gritos ensordecedores de las fans, los Fab Four le demostraron a la industria musical cuan rentable podía ser un grupo de chicos carismáticos cantando pegajosas canciones de amor, y a partir de ellos el resto es historia. Pero aquí cabe aclarar algo: The Beatles pronto se hartó de la fórmula boy band y para su quinto álbum de estudio pararon en seco las giras, dejaron el uniforme de niños buenos, todos los conciertos y covers, para demostrar que eran mucho más que una fórmula de venta para quinceañeras. En cambio se encerraron en el estudio a experimentar con su propio genio como músicos y compositores, además de técnicas de grabación nunca antes usadas.



De la noche de un día difícil al video musical… y MTV

Décadas antes de que MTV siquiera apareciera, los Beatles protagonizaron su primera película, A Hard Day's Night, en 1964. Algunas de las secuencias musicales clave se presentaron como un drama silencioso bajo las pistas grabadas, un formato que seguirían después los videos musicales. El propio director de la película, Richard Lester, bromeaba a menudo sobre cómo la gente lo llamaba el padre de MTV, respondiendo en broma que exigía una prueba de paternidad. ¡Help!, la segunda película que hicieron, llevó el concepto del video musical a otro nivel, esta vez en color, además de los ángulos de cámara y opciones de enfoque aún más inusuales y atrevidos que Lester empleó.



Del revólver al experimento musical

La transición musical de The Beatles a mitad de su carrera como banda está marcada por Revolver, un disco que cambió los parámetros de la música e influyó considerablemente en un movimiento cultural que tomaría al mundo: la psicodelia. Para entonces la banda estaba de tiempo completo en el estudio y era cada vez más ambiciosa sobre su música y todas las posibilidades que ofrecían las técnicas de grabación multipista. Por ello, cada canción en Revolver tiene un sonido único y completamente formado, que de paso demostró los dones individuales de cada Beatle: Paul asombró al mundo con la melancolía y desamparo de Eleanor Rigby (él que antes escribió las canciones más románticas); mientras que George Harrison contribuyó con una de sus mejores canciones, prodigio de cinismo, Taxman; Ringo Starr aportó el himno tan inocente como adorable, Yellow Submarine. En cuanto a John Lennon, contribuyó con la fascinante canción que cierra el álbum, una de las primeras piezas de música psicodélica: Tomorrow Never Knows. La letra, inspirada en El libro tibetano de los muertos, era bastante extraña para ese momento, y la canción en sí no se parecía prácticamente a nada que la banda, ni ninguna otra agrupación, hubiera grabado hasta ese momento. The Beatles comenzaba el viaje.



Del Sargento Pimienta al álbum conceptual

Antes de The Beatles, el objetivo de cualquier banda o artista pop era vender sencillos, canciones que se lanzaban de manera individual para “pegar” en la radio para luego venderse por separado y más tarde como parte de un álbum que recopilaba esos éxitos y sumaba algunas otras canciones de relleno. Pero el cuarteto de Liverpool fue contra esa norma de la industria y en 1967 lanzó el primer disco conceptual de la historia: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. La idea de este álbum que se lanzó en conjunto, no en canciones por separado, era que The Beatles se encontraba interpretando el papel de otra banda dando un concierto en el parque, y todas las canciones del álbum eran parte de este supuesto evento al aire libre. Además, aquí la banda superaría todas sus anteriores producciones musicales y técnicas de grabación, entre ellas, la idea por parte del productor George Martin de incluir una orquesta. También cambiaron la forma en que se concebían las carátulas del álbum, y de hecho la portada del Sgt. Pepper’s —diseñada por los artistas Peter Blake y Jann Haworth, a partir de un dibujo de Paul McCartney— ha sido imitada hasta el cansancio.



Del Abbey Road a la mejor despedida de todos los tiempos

Décadas después la música de los Beatles todavía brilla gracias a la cuidadosa artesanía depositada en cada una de sus grabaciones. Tanto John, Paul, George y Ringo se convirtieron rápidamente en maestros de las artes del estudio de audio. Desde sus primeras incursiones como productores de audio demostraron que estaban decididos a darle al mundo un nuevo tipo de sonido. Así, después del denso y psicodélico estilo del que fueron pioneros, llegaron a cerrar su tiempo trabajando juntos con Abbey Road (que fue el último álbum que grabaron, aunque Let it Be sería lanzado después), un álbum para el que decidieron que “menos es más” volcados en un sonido más simple que no parece depender tanto de los trucos de audio. Pero incluso en esta, su forma más sencilla, la música de The Beatles contiene múltiples niveles. Algo que demuestra perfectamente I Want You (She’s So Heavy), una pieza que extiende un ritmo de blues en unos fascinantes ocho minutos. Letra minimalista y un descenso de tres minutos a través de acordes repetidos de guitarra sobre un fondo creciente de ruido blanco sintetizado hasta el final abrupto. Aún no hay un adiós más perfecto para ninguna banda de rock, o que alguien lo nombre.